Dejando un Legado de Lectura

    Nathan Diaz – The Gospel Coalition

    Hay algo muy especial que heredé de mi abuelo. Cuando yo estaba en la universidad él ya había perdido gran parte de su vista por una enfermedad llamada degeneración macular. Un día mi abuelo me llamó a su biblioteca personal y me dijo que quería heredarme en vida los libros que yo quisiera. Para entonces yo había comenzado ya a apreciar la importancia de tener buenos libros. Escogí diferentes teologías sistemáticas y varios comentarios de libros como Hebreos, Romanos y Apocalipsis, que sabía serían de gran utilidad algún día. También escogí la colección completa de sermones de Spurgeon, y varios libros antiguos que él había heredado de su familia y de la familia de mi abuela.

    En ese momento aprecié mucho su herencia, pero no vi el verdadero valor de lo que hizo hasta que yo mismo tuve hijos. Mi abuelo falleció en el 2006, pero lo que me dejó será también parte de la herencia que yo dejaré a mis hijos. He pensado sobre lo que él hizo, y me he dado cuenta que si me hubiera dejado dinero, ya me lo habría gastado. Si me hubiera dejado un terreno o una casa, no habría tenido el mismo impacto que han tenido muchos de sus libros en mi vida espiritual. Debido a lo que mi abuelo hizo por mí, yo comencé a invertir en la herencia que quiero dejarle a mis tres hijos, Ian, Cael y Evan: una biblioteca de libros que sirvan de fundamento en las vidas de ellos y sus familias. Cada libro que compro es un libro que sé que me servirá para aprender más sobre la Biblia, pero también sé que algún día servirá para construir el legado espiritual que quiero dejarle a la siguiente generación.

    Desde que comencé a invertir en libros, dejé de prestarlos. Soy celoso de lo que quiero pasarle un día a mis propios hijos. Si quiero compartir un libro, lo compro y lo regalo. Pero tengo mi propia colección y biblioteca que cuido como si fuera una cuenta de ahorro en el banco. Sé que algunos no estarán de acuerdo. Sé que algunos dirán “¡El único libro importante es la Biblia!”. Y es verdad que la Biblia es un libro único y cuya importancia y autoridad es sin igual. Pero todos estos libros se relacionan a las Escrituras. Incluso tengo una sección de “herejías”, donde puedo aprender lo que falsos maestros dicen sobre la Biblia (¡entre ellos “Su Mejor Vida Ahora”!).

    El tener una amplia biblioteca de libros bíblicos manifiesta por los menos tres principios importantes:

    1- Muestra humildad

    Tengo mucho que aprender y no tengo todas las respuestas. Cuando yo leo lo que otros maestros han enseñado sobre la Biblia, estoy reconociendo mi debilidad y la manera en que Dios usa a muchos miembros del cuerpo para la edificación y crecimiento de la iglesia.

    2- Muestra honor.

    1 Tesalonicenses 5:12-13 dice, “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra”. El invertir en buenos libros en lugar de gastar en cosas superficiales es una manera de honrar a aquellos que Dios ha usado para hacer su obra a través de la historia.

    3- Muestra agradecimiento

    ¡Qué privilegio es la era de la historia en la que Dios nos ha permitido vivir! Nunca antes había sido tan fácil acceder en medios impresos y digitales a lo que se ha escrito en la historia de la iglesia, desde los padres de la primera iglesia, hasta lo que alguien del otro lado del mundo acaba de escribir la semana pasada. A mí me encanta coleccionar comentarios de libros de la Biblia, porque cuando estudio un pasaje puedo decir, ¿tú que piensas, RC Sproul? ¿Y tú, James Boice? ¿Y qué de el Dr. Martyn Lloyd Jones? ¿Y de paso, por qué no le preguntamos a Calvino y a Lutero también?

    Los recursos teológicos de nuestro tiempo son una provisión de Dios y el aprovecharlos es la mejor manera de ser agradecidos con Él.

    No estoy planeando heredarle a mis hijos dinero ni casas. Pero sí planeo dejarles muchísimos libros que estoy orando sean de mucha bendición en su servicio a Dios y en el conocimiento y amor de su Palabra.